martes, 22 de noviembre de 2011

Y CUANDO ES DE NOCHE ME RECUERDO QUE TE AMO

Hoy quiero amarte. Con tus defectos, con tus virtudes, con tus caricias, con todo tu ser. Hoy quiero amarte y quiero sentirte a mi lado. Hoy he notado más allá de todo tu importancia, porque mi amor es sincero y si no se va es porque tiene y siente razones para seguir viviendo. Hoy te amo y mi amor crece cada día más. Con llantos, con suspiros, con tristeza, con felicidad. Así te amo, más allá de lo físico, más allá de nuestros cuerpos, más allá de los humano. Así te amo, rozando la perfección, sabiendo que volveremos a encontrarnos. Y de a poco voy entendiendo que el amor no se puede definir, ni describir porque cada amor es especial, único, perfecto y el sólo hecho de sentir amor me hace ser mejor cada día. Te amo y no dejaré de hacerlo, porque a pesar de todo, quiero amarte.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"ESTOY ARTA DE SALIR A BUSCAR RUBIAS EN LA CIUDAD "

lunes, 14 de noviembre de 2011

SOÑAR DE A DOS


Abandonó súbitamente Miralejos, la casa que se encontraba entre el inmenso bosque de pinos y cipreses, dejando sobre el sillón rojo el libro que había estado leyendo en las últimas horas, refugiándose en sus páginas de su soledad y de la tenue lluvia que invadía la escena.
El aroma la condujo de manera irresistible hacia adelante. Olía a flores y éstas prometían ser de las más bellas.  Su corazón palpitaba ante el desconcierto. Por momentos una leve brisa cruzaba el paraje y la tentadora fragancia desaparecía misteriosamente, haciéndole perder el rastro. Seguía buscando y cada instante perdido la llenaba de angustia.
Dio vueltas a través de los inmensos viejos árboles una y otra vez, sin encontrar respuestas. Entonces se sentó sobre un tronco caído que estaba parcialmente mojado y salpicado por  una infinidad de líquenes amarillos. Descansó la vista, acostumbrándola un poco a la baja intensidad de luz que se reflejaba en el lugar. De pronto, allí las vio. Su corazón echó a correr y sus labios se estiraron 
 hasta casi romperse por tanta alegría. Las contempló de cerca, las acarició, disfrutó de tan incomparable belleza. Eran miles, y de alto, no medirían más que el ancho de la palma de una mano. Las había en color magenta, geranio, ocre, carmín, Siena, cobalto y escarlata. Ante tanta magnificencia no pudo resistirse y se recostó sobre ellas. Estaban húmedas y parecían no romperse bajo el peso de su cuerpo. Así contempló entre los espacios vacíos que dejaban las copas de los altos pinos, ese cielo gris y amenazante, hasta sentir un inoportuno cansancio invadiendo sus ojos. Luchó por no cerrarlos, no quería dejar de presenciar lo que estaba viviendo; pero sus intentos fallaron y quedó allí, profundamente dormida.
Spleen, de Peste noir,
Spleen, de Peste noir, la despertó. Por unos instantes no comprendió que sucedía; su canción favorita sonaba en su programado despertador. Se sentó en la cama sin saber donde se hallaba. Apoyó la cabeza contra el respaldo y mientras comenzaba a sospechar donde se encontraba realmente, sólo deseó estar en ese pinar, abrazada por el mar de flores y sentir esa inexplicable sensación de paz interior,
que hacía tiempo no encontraba.
Volvió a sonar Spleen y sus ojos se abrieron nuevamente, sumamente doloridos e hinchados. Al constatar la hora, voló literalmente de su descanso y como pudo resolvió la encrucijada de desayunar, vestirse, agarrar sus cosas y escapar en tan sólo ocho minutos.

El colectivo la incorporó a sus entrañas llenas de pasajeros a dos cuadras de su casa, abandonándola luego de veinte minutos, que parecieron días, en la estación de Retiro.
 Eran las nueve y media de la mañana de un martes caluroso de  noviembre. Faltaba sólo media hora para que esté frente a sus alumnos enseñando inglés, en un colegio de educación media ubicado en Martínez. Advirtiendo que no llegaba  tiempo se enfadó consigo misma; pero se había prometido no angustiarse por nada y a pesar de que el día venia un poco complicado se dispuso, mientras recorría las nueve estaciones, a contestar por escrito algunas preguntas al amor de su vida. Se quedó particularmente pensativa mientras miraba a través de la ventanilla la pista del hipódromo argentino de Palermo. La pregunta decía:¿Cuál es tu sueño? Ella siguió observando pero esa vez sin ver nada, estaba como ida, sumergida en un mundo subterráneo, sin luces ni presencia humana. Podría haber  llegado a Tigre y estar volviendo sin darse cuenta, si no fuera por la intervención  de un chico que, al bajar del tren, le golpeó fuertemente el vidrio regalándole un beso. Ella sonrió por primera vez en el día pero volvió rápidamente a lo que tanto la preocupaba. La formación estaba detenida en la estación de La Lucila, en  la próxima tendría que bajar. Le quedaban sólo unos minutos para contestar una pregunta sencilla. Haciéndole caso a las urgencias del tiempo y a los gritos alocados de su corazón escribió la respuesta: ¡ENCONTRARTE!



fin

viernes, 4 de noviembre de 2011

tu ultimo cuento

Las cuerdas metálicas del piano evaporaban su melodía por la habitación que se encontraba fría y en penumbras, encendida apenas por un viejo candil.


Sus manos, pequeñas, finas, eran del color de la nieve; contrastaban con sus uñas, largas y ennegrecidas por algún esmalte.

A través de sus manos, Candelabra exteriorizaba todo lo que anidaba en su corazón. Cada martillar en las teclas, acompañado por una lágrima reseca, resonaba completo de emoción y tristeza infinita. En el ambiente fluía pena, dolor, soledad angustiante, y cada ser que habitaba allí se embriagaba con las porciones que vomitaba ese aire enrarecido.

Las agujas del reloj antiguo marcaron las diez de esa noche lluviosa. El sonido agudo proveniente del aparato fue eclipsado por acordes que sonaron a mayor volumen, producto de los golpes, que parecían astillar cada tecla, dados por Candelabra.

Era la hora de cenar. La mesa estaba servida hacía rato. Ella abandonó su banqueta junto al piano y dio pasos excluyentes hacia la caja de madera depositada junto a una ventana sellada con ladrillos.

Abrió la caja de madera.

Se sentó en la cabecera de la mesa, como era su costumbre.


De a poco fueron llegando. A su derecha y a su lado se sentó la condesa Luv. Un poco más allá su hermana de sangre Morbid. Del lado opuesto de la mesa, de frente, su abuelo Frederic. A la izquierda y a su lado la pequeña. Y más allá el príncipe Victor.

Sólo Candelabra cenaba; los demás entablaron una charla por demás sustanciosa, enjuiciando la conducta solitaria y apenada de la anfitriona. Ella permanecía en silencio, envuelta entre pensamientos convulsionados y y el aroma humeante de su sopa de calabazas.

Frederic los alejó de contexto por un rato al sugerir que por primera vez tenía ganas de probar la sopa de calabazas. Todos callaron. Candelabra levantó su cara entre la bruma de la infusión. Sus ojos, rojos como las brazas, se alinearon con los de su abuelo.

– ¡Sabés que eso es imposible! –dijo Candelabra.
Él afirmó con un movimiento de cabeza y comenzó con su infaltable y molesto repiqueteo de dedos sobre la mesa.


La conversación anterior tomó nuevamente su curso. El príncipe sugirió que ya era hora de que Candelabra abandone esa pasividad que la estaba consumiendo para encaminar su vida junto a un ser real.

Morbid defendió a su hermana de sangre con uñas y dientes, impugnando esa idea ridícula, ya que a su entender Candelabra estaba cómoda en el lugar que había decidido estar en los últimos años. La condesa Luv apoyó la moción del príncipe. Candelabra levantó nuevamente su cara entre el vapor de la sopa. La condesa y el príncipe callaron al unísono, temiendo.

La pequeña, la única que se atrevía a decir y no callar, comenzó a entonar una vieja canción de una vieja banda de rock gótico francés. A Candelabra se le iluminaron los ojos; la canción la transportó a su niñez de inmediato. Al llegar al estribillo, la pequeña cayó.

El ambiente se tiñó de un hondo pesar, ya que todos advirtieron el desenlace que se produciría en minutos por culpa de esa niña pendenciera y caprichosa. Candelabra la miró desafiante. La pequeña rió sin emitir sonido alguno; sabía que eso exacerbaba la paciencia de la dueña de casa. El príncipe Víctor fue el primero en pedir piedad por la insolencia de la niña.

Lo siguieron en el camino de la misericordia: la condesa, su hermana y su abuelo.

Candelabra golpeó la mesa en señal de disgusto. Se puso de pie y miró a todos con lágrimas en sus ojos.

– Quiero que sigas cantando– dijo Candelabra.

Todos imploraron para que la pequeña accediera al pedido.

– No quiero. Dijo la pequeña.



Todos dedujeron que esa noche no iba a ser la excepción. Dormirían nuevamente apilados unos sobre otros.

– Terminá la canción– dijo nuevamente Candelabra.

– Sí, por favor. Dijo Morbid.

La pequeña rió nuevamente. Con su mirada recorrió la sala lentamente, hasta llegar al rostro preocupado y angustiante de Candelabra. Su risa se hizo, en ese instante, burlona y agresiva.



– Cantá vos. ¿O ya no te acordás como sigue? ¿O preferís que te haga recordar cuándo fue la última vez que la cantaste?– dijo la pequeña.

– ¡Basta! –dijo el abuelo –. No te tortures más.

– Desde que murió mamá no la cantás– dijo la pequeña.



Candelabra estalló en pánico. Sus manos y sus piernas temblaron, parecían rasgadas por sensaciones que ella ya no quería volver a vivir. Su corazón se desestabilizó y su sangre corrió fría, coagulando todo lo que se interponía a su paso. La sensación de morir humedeció su boca, acompañada por lágrimas saladas que mojaron su alma.

Reunió a sus invitados junto a la ventada sellada por ladrillos. Los fue colocando en la caja de madera uno por uno, hasta llegar a la pequeña, que se llamaba igual que Candelabra. Con bronca la sacudió de los pelos enrulados y la arrojó con violencia dentro de la caja. Aseguró el cerrojo, hasta la noche siguiente, con el candado de su conciencia.
Volvió al piano y permaneció sentada en la banqueta sin tocar. Sus ojos estaban muertos, mirando mucho más allá de lo que ella podía llegar a ver.




fin

jueves, 3 de noviembre de 2011

HEARTBREAKER

But there's always this one question,
That keeps me up at night.
Are you my greatest love,
Or disappointment in my life?

 
Are you a heartbreaker?
 
Maybe you want me for the ride.
What if I'm fallin' for a heartbreaker?
And everything is just a lie,
I won't be leavin' here alive.
I might as well lay down and die.

martes, 1 de noviembre de 2011

DEJAME ACORTAR LA DISTANCIA, DESAHOGAR MIS ANSIAS.

Déjame decir que te amo

No como lo dicen tantos

No por presumir de poeta

Consciente estoy que no soy tu meta

Solo quiero que sepas que te amo.



Déjame decir que te amo

Es mi corazón quien te habla

No estoy inventando un cuento

Ni te ofrezco todo el firmamento

Solo quiero que sepas que te amo.



Déjame creer por un instante

Que yo soy tu dueño,

Aunque sufriré cuando despierte

Y todo sea un sueño.



Déjame,acortar la distancia,

Desahogar mis ansias.



Déjame, ser algo valiente,

Y besarte de repente.



Déjame,gritar lo que siento,

Te lo juro no miento.



Déjame,darle vida a mi sueño,

Aunque no sea tu dueño.



Déjame...



Déjame decir que te amo

Ahora que ya estamos solos

Quita esa cara de miedo

Soy capaz de controlar mi fuego

Solo quiero que sepas que te amo.



Déjame decir que te amo

Después yo podré marcharme

No quiero comprometerte

Sé muy bien que no puedo tenerte

Solo quiero que entiendas que te amo.



Déjame creer por un instante

Que yo soy tu dueño,

Aunque sufriré cuando despierte

Y todo sea un sueño.



Déjame,acortar la distancia,

Desahogar mis ansias.



Déjame, ser algo valiente,

Y besarte de repente.



Déjame,gritar lo que siento,

Te lo juro no miento.



Déjame,darle vida a mi sueño,

Aunque no sea tu dueño.



Déjame...